Guerra del 95

Plantilla:Contienda militar La Guerra Necesaria o Guerra del 95. Acción armada organizada por José Martí para lograr la definitiva independencia de Cuba. Desde la emigración y como máximo representante del Partido Revolucionario Cubano, había organizado la insurrección en Oriente, al igual que en el resto del país. Para alcanzar sus objetivos independentistas, Martí se apoyó en las figuras más cimeras de la gesta anterior, y logró vertebrar un movimiento que respondió a sus órdenes sin vacilaciones. El estallido independentista ocurrio el 24 de febrero de 1895.

Preparación de la guerra

Meses antes de la proclamación del Partido Revolucionario Cubano, Máximo Gómez, desde su finca La Reforma, en República Dominicana, seguía los acontecimientos que se relacionaban con el intento de los patriotas cubanos para dar inicio a una nueva etapa de la lucha por la independencia.

En febrero de 1892, escribió a Rogelio Castillo: “Por tu carta, así como por el Yara, he sabido de las excursiones patrióticas de José Martí. Magnífico; yo, como uno de los defensores legales y desinteresados de la Causa Cubana, me alegro de todo eso”. En su opinión, los veteranos combatientes, como él, no eran capaces de revivir “el espíritu Revolucionario, muerto por nuestras torpezas y desgracias, como puede hacerlo, hoy por hoy, José Martí”; y concluye que es un deber “ayudar a Martí y a quien no es Martí, que de reputación bien sentada, se presente, con la bandera cubana, predicando revolución”.

Poco después de haber escrito esta misiva, al tener noticias del conflicto surgido entre Ramón Roa y Enrique Collazo con el Apóstol, Gómez, aunque sin estar al tanto de los detalles de lo ocurrido, valoró sus consecuencias negativas para la unidad, por lo que expresó a Serafín Sánchez:

“Así, pues, Vd. (como quiera que sea la cosa) no desperdicie medios de ayudar a conciliar ese asunto y volver la serenidad a los espíritus [que] comulgamos en las mismas ideas. Todo hay que ofrendarlo ante el Altar de la Patria”. Y en alguna medida, estas gestiones contribuyeron a conjurar el incidente.

A las fuentes de información con que contaba el General se sumaría, a partir del 14 de marzo de 1892, el Periódico Patria, en cuya primera plana reproducía las Bases del Partido Revolucionario Cubano, donde, como buen lector y sobre todo por su larga y fructífera experiencia, hallaría elementos para convencerse de que la nueva organización político-militar en modo alguno marginaría a los hombres de armas de las pasadas contiendas, sino que contaría con ellos desde sus pasos iniciales.

En los nueve artículos del documento se encontraba el llamado a ordenar una guerra generosa y breve, a fundar una nación por una guerra de espíritu y métodos republicanos, a abrir recursos para la guerra, así como realizar todo cuanto contribuyera al éxito de esta.

Además, en el primer número de la publicación apareció, a modo de editorial, el artículo Nuestras ideas, donde Gómez pudo leer:

“La guerra es un procedimiento político, y este procedimiento de la guerra es conveniente en Cuba” por múltiples razones que la hacían el único medio al que apelaban los cubanos para alcanzar la independencia, pues España había cerrado cualquier otro modo.

La nueva organización no se proponía solo poner fin al colonialismo hispano, sino “defender, en la patria redimida, la política popular”; se trataba de llevar a cabo una contienda que hiciera posible “completar una revolución”, no solo mudar “de sitio a una autoridad injusta”.

Mediante el enfrentamiento bélico se alcanzaría la independencia, y esta haría posible la fundación de una República nueva, “con todos y para el bien de todos”.

La guerra como medio

Sin dudas, el Partido Revolucionario Cubano no se había creado con aspiraciones politiqueras, sino que era, además del cuerpo visible y legal de los clubes y los Cuerpos de Consejo “La organización militar de la emigración”, como expresó el Delegado, quien comunicó a los presidentes de las organizaciones de base la finalidad principal de las recaudaciones:

“Preparar la guerra, es guerra. Impedir que se nos desordene la guerra, es guerra. Acudir a Cuba a ordenar la guerra, es la primera campaña de la guerra. Esa es la importancia grande de los fondos de acción”, destinados, a diferencia de los fondos de guerra, a las labores organizativas.

Estos últimos habían sido creados porque “la república es nuestro fin; pero la guerra es nuestro medio”, por lo que “tenemos, desde hoy mismo, que allegar la mayor suma de recursos para la guerra”. Esta se haría en los campos de la Isla, y para llevarla a cabo:

“Es necesario acumular armas”, por lo que el Delegado se dirige a los clubes y recomienda su compra, de acuerdo con el “consejo de una junta de militares” a la que había consultado; pero esta necesidad debía ser atendida sin alarmar al enemigo: “Al allegamiento continuo y ordenado de armas, debe poner la Delegación, y pone, tanta energía como en cualquier otro de sus deberes”. Mediante Patria, Martí llamaba a “ordenar una guerra generosa y breve (...) de espíritu y métodos republicanos”

A una organización como esta, con objetivos político-militares tan definidos, era muy difícil que el recio veterano negara su colaboración. No obstante, Martí dispuso una consulta de hondo significado político: la elección del General en Jefe del Ejército Libertador, que debía reorganizarse, pues sus jefes, oficiales y soldados permanecían a la espera, desmovilizados, pero no desmoralizados. El proceso no se llevó a cabo a través de los Cuerpos de Consejo, sino lo atendió directamente el Delegado, que le confirió un carácter reservado.

Se procedió a consultar “a todos los militares graduados en la guerra de Cuba”, que con su voto secreto expresaron la aceptación de un mando no impuesto por persona o institución alguna, sino elegido por decisión mayoritaria, lo que obligaría al acatamiento de la disciplina y la autoridad que merecía la dignidad del alto cargo de dirección. El 18 de agosto ya había sido elegido el mayor general Máximo Gómez casi por unanimidad. Atrás los desacuerdos

Gómez recibía información y muestras de cariño y respeto por parte de sus antiguos subordinados, quienes lo mantenían al tanto de los pasos seguros que daba el Partido. Era una opinión generalizada en las emigraciones y en la Isla que sin la participación del heroico mambí era imposible el éxito completo de una nueva contienda.

Tal era la confianza de los veteranos y las nuevas generaciones en la capacidad militar y política del combatiente inclaudicable. Por ello Martí, con la colaboración de varios amigos entrañables del viejo luchador, particularmente de Serafín Sánchez, preparaba las condiciones para visitarlo en República Dominicana.

“Espero la anunciada visita de Martí, y lo recibiré como se merece tan buen cubano”, contesta Gómez a una pregunta al respecto, y agrega: “Yo opino, como amante leal y desinteresado de la independencia de Cuba, que no se debe dar un paso que pueda desconcertar los trabajos iniciados con tan buen éxito por Martí. Cualquier ligero desacuerdo en la forma eso no implica nada”.

El 11 de septiembre de 1892 tuvo lugar el encuentro en la finca La Reforma, y sin demora iniciaron las conversaciones, que duraron tres días, en los que podemos suponer que fueron abordados asuntos trascendentales para el futuro de la Isla, se coordinaron las responsabilidades que cada uno asumiría en la preparación de la guerra y se trazaría la estrategia a seguir de inmediato.

El día 13, a nombre del Partido Revolucionario Cubano, el Delegado dirige a Gómez una comunicación en la que le ruega “que repitiendo su sacrificio ayude a la revolución como encargado supremo del ramo de la guerra, a organizar dentro y fuera de la Isla el ejército libertador”, para llevar a cabo “la guerra republicana que el Partido está en la obligación de preparar, de acuerdo con la Isla”.

La respuesta satisfizo las expectativas de los independentistas de la Isla y las emigraciones: “Al aceptar como acepto tan alto destino, puede Ud. estar seguro de que a dejarlo enteramente cumplido consagraré todas las fuerzas de mi inteligencia y de mi brazo”.

Al asumir la encomienda que el Partido ponía en sus manos, el General se hacía cargo de una tarea esencial de la fase organizativa: debía convocar a jefes y oficiales que en algún momento estuvieron bajo sus órdenes y, con ellos, poner en movimiento una estructura militar viva en la conciencia y la dignidad patriótica de miles de combatientes. La tarea exigía máximo sigilo, pues estos se hallaban, en su mayoría, en el territorio ocupado por el enemigo.

Estalla la guerra

Martí y Gómez compartirían, desde aquel momento, la preparación de la guerra. Fueron más de dos años en los que se compenetraron, intercambiando experiencias e ideas, anhelos y angustias. Surgieron desacuerdos en aspectos tácticos y hubo momentos de incomprensión, pero todas las dificultades se allanaron por la fuerza de los principios compartidos y de una amistad basada en estos.

La guerra que ambos habían convocado estalló el 24 de febrero de 1895, y la manigua cubana los halló juntos ante el peligro, con el optimismo y la alegría de quienes veían crecer a su alrededor los elementos que podían conducir a la victoria. Pero la vida del mayor general José Martí quedó interrumpida por su muerte en combate el 19 de mayo.

Gómez continuó en la brecha, entristecido por la pérdida de su hermano de ideales, aunque firme en su decisión de llevar adelante los objetivos que ambos se habían trazado.

Véase también


Fuente

La guerra necesaria