Código bíblico

Código Bíblico
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Concepto:Mensajes divinos escondidos dentro del texto de la Biblia

El código bíblico o código de la Biblia son supuestos mensajes ocultos en el texto hebreo de la Biblia, recuperados en 1994 mediante la secuenciación equidistante de letras por el matemático israelí Eliyahu Rips.

A pesar de que en Israel y entre religiosos judíos el código no generó ninguna reacción, desde 1994 y durante casi una década, el código bíblico fue un gran tema para algunos cristianos en Estados Unidos. Era una especie de superargumento de esa década: la prueba mágica e innegable de que el cristianismo era verdadero. Sin embargo, el código lo único que realmente demostró es que algunas personas siempre van a creer en algo.

Historia

A finales de los años 1970, EliYahu Rips (profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalen) afirmó que había encontrado un mensaje codificado oculto en una secuencia de letras equidistantes en el Libro del Génesis.

Dieciocho años después, en 1994, Rips logró que la revista científica Statistical Science publicara su paper «Equidistant letters in the “Book of Genesis”» (‘letras equidistantes en el libro del Génesis’), que apareció firmado por los matemáticos israelíes E. Rips, D. Witzum y Rosenberg.

El artículo ―debido a su apariencia seudocientífica― no logró convertirse en objeto de controversia.

Refutación del código de la Biblia

Los creyentes en el código de la Biblia afirman que hay mensajes ocultos ―usualmente proféticos― codificados mediante el sistema de secuencia de letras equidistantes. En vez de leer la Biblia de manera lineal, ellos suponen que el dios judeocristiano Yajvé ocultó mensajes en la Biblia, y leen un pasaje bíblico cada diez letras, o cada siete letras, o cada diferentes números de letras, de acuerdo a qué palabras desean encontrar. Según la secuenciación que elijan, del texto decodificado surgirían palabras significativas, como el nombre o el apellido de algún líder contemporáneo o algún otro tipo de información que los autores originales de la Biblia no podrían haber conocido (como los resultados de las elecciones presidenciales de 1993 en Estados Unidos, en que ganó «Bill [Clinton]»).[1]

Los seguidores de esta creencia sostienen que esto sería la prueba de que la Biblia es un libro sobrenatural, ya que no es posible que este código haya sido escrito sin la asistencia de la revelación divina.

Pero para que un libro manifieste un fenómeno como el código bíblico no es necesario que sea sobrenatural: solo requiere que tenga muchísimas letras. Y esto se demuestra por el hecho de que el truco funciona con otros libros no religiosos.

Cálculos de probabilidades adulterados

Los proponentes del código bíblico utilizan cálculos de probabilidades desnaturalizados. Algunos creyentes que se presentan como serios estudiosos del código de la Biblia insisten en que solo deberían ser considerados legítimos los códigos más complejos e improbables, porque sería menos posible que estos hubiesen aparecido en el texto de la Biblia por azar.

Afirman que las posibilidades de que un cierto conjunto complejo de código apareciera en el texto puramente por azar se encuentra en el orden de uno cada cuatrillón (septillion, según la «cuenta larga» inglesa). Esa probabilidad ―de la que no aportan el método mediante el cual arribaron a ella― no solo parece ser un invento burdo: ellos suponen que un cierto código dado, en idioma inglés, es el único resultado significativo.

Pero dado un libro con tantas letras como tiene la Biblia y el hecho de que los creyentes aceptan como relacionados a códigos que se encuentran cerca uno del otro en el texto, pero en una secuencia de letras equidistante, si se busca de manera suficientemente exhaustiva es virtualmente inevitable que surjan clústeres de código complejo.

Encontrar un único mensaje coherente formado por cientos de palabras colindantes (y no ―como hizo Eliyahu Rips― recopilar palabras sueltas cada miles de «palabras» sin sentido) podría ser realmente difícil (y realmente demostraría la presencia de una revelación sobrenatural), pero encontrar cualquier cosa que parezca significativa en ese marco de ruido aleatorio es inevitable.[1]

Por ejemplo, se tomó una letra cada diez letras en este mismo texto, lo que produjo:

tilqasesoe
edusednulc
amleedatat
daiderneot
uieoinunou
hrdoeoori
lbdlniuloe
agnrmtlais
adioompabs
peaanidroe
rlmateanne
rlaidoioos
snplncahle
oenetncsna
snbasoenex
nuorrilsru
algoenzcii
agipeinnfl
broonaobef
jrslccraia
ctsdeenale
alrccrojoa
ssdiegotdc
raasmodtat
bbolaoqnse
epssqaeaap
goscsatepe
cmescxssyc
qaoaevcvil

En el texto, una aplicación informática que pudiera reconocer palabras en español dentro de un flujo caótico de letras, reconocería:

  • diego
  • uno
  • bola
  • algo
  • rojo
  • mate

Si el creyente en códigos fuese argentino e hispanohablante, y viviese a principios del siglo XXI, sabría que Diego Maradona es el futbolista número uno de Argentina, que juega a la pelota (en Argentina se le dice «pelota» tanto al balón como al propio deporte del fútbol), y es amigo de Cuba (algo rojo=comunista) y su bebida preferida es el mate, encontraría este texto altamente profético.

Si el creyente leyera ese «código» después del siglo XXII o XXIII, o si el creyente no es hispanohablante o no es del continente americano, el supuesto código no tendría ningún significado.

El código de la Biblia solo hace predicciones retroactivas

Se supone que los mensajes codificados en el texto de la Biblia deberían ser información profética que no hay manera que los autores de la Biblia conocieran, como referencias a Jesús en libros escritos varios siglos antes de Cristo, o menciones a guerras modernas, magnicidios o resultados de elecciones en Estados Unidos.

De todos modos, el problema es que en el momento en que empieza a ser posible saber qué es lo que hay que buscar, los acontecimientos profetizados ya han tenido lugar, por lo que si encuentras alguna predicción es porque ya la conoces.[1]

La absurda creación del código coincide con el carácter del dios del Antiguo testamento

El código de la Biblia vendría a ser una manera pretenciosa del dios judeocristiano Yajvé de decir: «Yo ya sabía que esto iba a suceder». Algunos creyentes del código bíblico consideran que esta afirmación coincidiría perfectamente con la actitud insensata que muestra el voluble Dios del Antiguo testamento.[1]

El sesgo determina la significancia

Como los términos que refieren estas cosas supuestamente predichas por el código de la Biblia se buscan todos después de los hechos, el completo proceso se vuelve sesgado por quienquiera que realice la búsqueda. Los cristianos que adoptan el código parecen poner el énfasis mayor en códigos presentes en el Antiguo testamento que ellos interpretan que se refieren a Cristo.

Sin embargo, la presencia de esta información en el texto no ha persuadido a los judíos creyentes en el código para que acepten a Cristo como su mesías. Parecería que los judíos valoran los códigos que validan la divinidad de la Torá más que nada. Y hay otros que ven el código de la Biblia como una curiosidad, que todo eso a la larga no tiene un significado real, y que sería el equivalente alfabético de la pareidolia: mirar las nubes e imaginar que allí se dibuja una tortuga.[1]

Hay «código» oculto en cualquier libros con muchas letras

En 1997, Brendan McKay, profesor de la Escuela de Ciencias Computacionales de la Universidad Nacional de Australia, realizó un estudio de secuencias de letras equidistantes ―utilizando un programa de computadora de reconocimiento de palabras en inglés― en el texto de la novela Moby Dick, y encontró mensajes ocultos acerca de los asesinatos de Abraham Lincoln, Martin Luther King, John F. Kennedy e Indira Gandhi, entre muchos otros.

Ese programa está disponible gratuitamente en internet.[2] En el libro La edad de la razón, de Thomas Paine, un youtuber llamado Steve Shives encontró en 2013 su propio nombre codificado 91 veces.[1]

Un estudio similar se realizó con el texto en hebreo de la traducción de la novela La guerra y la paz, de Lev Tolstoy. Se obtuvieron resultados similares.

Cuando se sabe qué buscar, finalmente esto es lo que se encuentra.[1]

Apofenia: imaginar patrones en datos caóticos

El supuesto código de la Biblia es producto de una especie de «apofenia», el cual es el fenómeno de imaginar patrones significativos en un sistema caótico de datos. Aparentemente la mayoría de los creyentes en el código bíblico no conocen ese concepto.

Fuentes

  • «El ¿código secreto? de la Biblia», video de 24:40 minutos, publicado el 27 de junio de 2017 en el sitio web YouTube. Demuestra (con una explicación matemática más o menos sencilla) que las probabilidades de encontrar «mensajes» en textos largos son altísimas.
  • «La verdad del código de la Biblia», video de 24:40 minutos, publicado el 18 de febrero de 2010 en el sitio web YouTube.
  • Colectivo de autores: Statistical Science Review, vol. 9
  • Drosnin, Michael: Bible code.