Combate de Godínez

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Combate de Godínez
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Combate de la Invasión a Occidente en la Guerra del 95 (Foto: Monumento conmemorativo)
Fecha:29 de diciembre de 1895
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba
Ejecutores o responsables del hecho:
Cubanos y españoles


Combate de Godínez. Durante la campaña invasora desarrollada por Máximo Gómez y por Antonio Maceo, se realizaron diversas acciones combativas en las inmediaciones de Calimete, destacándose la que acaeció el 29 de diciembre de 1895 en el demolido ingenio Triunfana, conocido como Godínez.

La realización de esta acción fue resultado de la genial maniobra táctica conocida como contramarcha estratégica o lazo de la invasión, una de las operaciones más brillantes de la guerra de Independencia. Este combate ha pasado a la historia como uno de los más cruentos y reafirmó la decisión y posibilidad de avance de la invasión a La Habana.

La contramarcha estratégica o lazo de la invasión

La victoria obtenida por las fuerzas mambisas el 15 de diciembre en el Combate de Mal Tiempo, en la provincia de Las Villas, abrió el camino de la invasión a la provincia de Matanzas. Después de recorrer un amplio trayecto, el 20 de diciembre penetran en ella cruzando el rio Hanábana, al noroeste del cual, en tierra calimetense, en el lugar conocido como La Colmena, tienen su bautismo de fuego sosteniendo un combate donde tuvieron 12 bajas, entre muertos y heridos.

Posterior a esta acción, inician un recorrido que los lleva por el centro de la provincia, sosteniendo algunos encuentros en su avance, hasta llegar en horas de la tarde del día 23 de diciembre a Coliseo, donde tuvo lugar un combate en el que nuevamente fueron derrotadas las fuerzas españolas al mando del general Arsenio Martínez Campos.

Fue después de este hecho donde se patentizó el genio militar de Gómez y Maceo, al poner en práctica el conocido lazo de la invasión que consistía en fingir una marcha de retroceso hacia el sur, que diera la impresión al mando español de que los cubanos se iban en retirada y los indujera a disponer un nuevo repliegue de sus fuerzas hacia la provincia de Las Villas; de esa forma, el enemigo caería en la trampa de enviar sus tropas hacia esa zona con el fin de acorralar a los cubanos, como sucedió.

Por su parte, las fuerzas mambisas entran en Cienfuegos y, en un movimiento rápido, volvieron a cruzar el rio Hanábana, penetrando, con presteza y sin ningún obstáculo, en la provincia de Matanzas, ahora desguarnecida. Después de una marcha de cinco horas, en la noche del día 28 de diciembre, la columna invasora acampó en el demolido ingenio Triunfana, conocido como Godínez, a dos kilómetros del pueblo de Calimete.

La jornada más sangrienta de la invasión

El batey de Godínez tuvo su origen estuvo en un ingenio azucarero que, con el nombre de Triunfana, fue fundado en 1866 por Francisco Godínez[1] . La principal vía de acceso a este era el camino que lo comunicaba directamente con el pueblo de Calimete.

En el año 1895, este ingenio se encontraba demolido y convertidas sus tierras en colonias de caña que cosechaban para el ingenio Carreño[2] . La población de Godínez era escasa ya que, al desaparecer la actividad azucarera y existir a corta distancia un núcleo urbano de mayor desarrollo, la mayoría de sus habitantes habían emigrado hacia el pueblo de Calimete.

Al llegar los invasores a este lugar, conocieron, por la información que le suministraron los colonos, que Calimete contaba con una guarnición permanente y el territorio estaba habitualmente lleno de tropas, pues en esta zona confluían todas las fuerzas que operaban al sudeste de Matanzas. Desde su llegada, el alto mando de las tropas insurrectas había tomado las debidas precauciones defensivas, al presentir un posible encuentro con los españoles. El general Maceo dio la orden a la tropa de que se colocara sobre las armas en cuanto despuntara el día.

Entre las cuatro o cinco de la madrugada del día 29, llegó a la estación de ferrocarril de Calimete un tren cargado con tropas de los batallones de Navarra y María Cristina, un pelotón de infantería de marina y una pequeña sección de caballería del Regimiento de Santiago, con trece guerrilleros de Macagua. En total, eran 850 hombres al mando del teniente coronel Emilio Perera, procedentes de Real Campiña, con la instrucción de situarse en un punto llamado Sabana Vieja[3]. Los españoles iniciaron su marcha a las 6 y 30 de la mañana, por el camino en dirección a Triunfana .

La vanguardia de las fuerzas cubanas tomó posiciones, lista para combatir. Mientras tanto, un desagradable incidente se produjo, cuando miembros del Regimiento de Remedios tuvieron que prender a un soldado de la columna que violó a una campesina e, inmediatamente, se formó un consejo de guerra verbal que lo condenó a la horca. Con la presencia de los generales Gómez y Maceo, se ejecutó la sentencia en medio de los primeros disparos del enemigo.

Las fuerzas enemigas iniciaron el ataque en cuanto se despejó la neblina. Por orden del general Maceo, los hermanos Juan Eligio y Vidal Ducasse, jefes de la infantería, se habían situado con sus fuerzas a lo largo del batey, de frente al pueblo.

Los españoles por su parte habían formado una extensa línea de batalla a lo largo del cañaveral situado entre el pueblo y el batey, a cien metros de Triunfana, de donde rompió el fuego de la infantería de los Ducasse.

Por las huestes mambisas entraron de lleno en el combate 500 hombres; tanto el general en jefe como el lugarteniente intentaron, en tres ocasiones, abrirse paso a través de los cuadros formados por la infantería española; pero fueron rechazados.

El general Serafín Sánchez, al frente de la caballería, atacó por el flanco izquierdo y logró penetrar en uno de los cuadros españoles, aunque tuvo que retroceder. En esta temeraria acción cayeron mortalmente heridos algunos hombres[4].

Este esfuerzo hecho por la caballería mambisa, permitió a la infantería cubana, al mando de los hermanos Ducasse, rechazar el ataque, cayendo herido el jefe español teniente coronel Perera, a pesar de lo cual, no fue posible provocar la desmoralización de la columna española, que se mantuvo combatiendo con firmeza, aunque cedió en su capacidad ofensiva.

En este momento, llegó a los enemigos un oportuno refuerzo: una columna española bajo el mando del general García Navarro[5], que prácticamente salvó al batallón; pero éste, comprendiendo la situación tan desventajosa en que se encontraban, decidió emprender la retirada hacia el pueblo de Calimete. Muy acertadamente ordenó esta retirada, única decisión apropiada en aquellos instantes para evitar un desastre, al resultarle imposible poder avanzar bajo el fuego de los cubanos, atrincherados en los muros del ingenio, y bajo la amenaza de cargas al machete.

Este combate, que solo duró poco más de una hora, costó al cuerpo invasor alrededor de dieciséis muertos y sesenta y nueve heridos, de los que, posteriormente, muchos engrosaron la cifra de combatientes muertos. Las bajas por el Estado Mayor y escolta del general Maceo y otros altos oficiales, comprueban lo encarnizado de la pelea. Los mambises lograron apoderarse de cincuenta armamentos.

En un parte oficial que emitieron los españoles, referido al combate de Calimete, expresaba que la columna invasora iba de retirada hacia Las Villas -cuando era todo lo contrario, pues regresaba con más ímpetu y bríos que antes-, además de plantear que las fuerzas cubanas habían tenido que dispersarse y que huían en retirada, y la innegable confesión de haber tenido veintidós muertos y setenta y cinco heridos.

Con respecto a las bajas españolas, los informes emitidos por las propias autoridades contribuyeron a distorsionar las cifras de muertos y heridos, al tratar de minimizar su número. Efectivamente, fue elevada la cantidad de bajas españolas; según Pelayo Villanueva, testigo presencial de la llegada de los muertos y heridos de este combate a la ciudad de Colón, en su libro Apuntes para la Historia de Colón expresó que “Ese memorable 29 de diciembre...combate que llenó de heridos militares el hospital de Colón y de muertos su cementerio”[6].

Por la noche llegó el tren que conducía muertos y heridos, los primeros se tendieron en el Ayuntamiento y los heridos, cerca de cien en camillas, fueron llevados por toda la calle Real (actual calle Martí).

Los mambises, después de dar sepultura a los muertos e instalar los heridos de mayor gravedad en las literas y hamacas de uso y de haber distribuido el armamento que se cogió a los españoles, reanudaron la marcha hacia La Habana[7].

Importancia del combate

Este combate ha pasado a la historia como uno de los más cruentos y reafirmó la decisión y posibilidad de avance de la invasión a La Habana. Fue de gran importancia desde el punto de vista estratégico, al quedar cerrado el lazo de la invasión, con lo que se abrió las puertas a las tropas que tomaron rumbo a La Habana.

Resultan interesantes las valoraciones que ofrecen sobre este combate algunos de los presentes; por ejemplo, Eusebio Hernández:

“El combate de Calimete no solo no había sido una derrota, sino –bien visto- una victoria: tres columnas españolas de las tres armas, soldados veteranos, bien municionados, dispuestos a cerrarles el paso a los invasores y, a pesar de esto, los invasores siguen su marcha triunfal hacia el centro”[8].

Miró Argenter, aunque se muestra pesimista por el número y calidad de las bajas en Calimete, observa con asombro como en esas marchas atrevidas y victoriosas o sangrientas, como Calimete, aumentan las fuerzas, al final de 1895, en quinientos hombres bien armados y equipados, con las armas, equipos, caballos, acémilas, etc., quitadas al enemigo y a las fuerzas cubanas no invasoras.

Y concluye uno de sus principales actores, el mayor general Serafín Sánchez Valdivia quien expresó: ´´Por la opulenta tenacidad y bravura de la lucha y por la tanta sangre, Calimete merece una página de gloria entre las que más embellecen la historia de la Revolución Cubana´´.

Referencias

  1. El nombre de Godínez por el que es conocido el lugar fue dado por los pobladores de esa zona por el apellido de su dueño.
  2. Ingenio Porfuerza, conocido en sus inicios como Carreño por el apellido de su propietario.
  3. Diccionario Enciclopédico de la Historia Militar. Tomo 2, pág. 64.
  4. El valiente teniente coronel Andrés Fernández, conocido como el gallego, (nacido en España), segundo jefe del regimiento Céspedes.
  5. Las fuerzas de García Navarro se encontraban en el ingenio El María a unos pocos kilómetros de distancia de Godínez.
  6. Villanueva, Pelayo: Apuntes para la historia de Colón. Tomo III, pág. 32.
  7. En su desplazamiento por el territorio fueron hostigados por los españoles en El María, Manguito y El Caney.
  8. Hernández, Eusebio. Maceo. Dos Conferencias Históricas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1990, pag 105.

Fuentes

  • Diccionario Enciclopédico de la Historia Militar. Tomo 2.
  • Hernández, Eusebio: Maceo. Dos conferencias históricas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1990.
  • Síntesis Historia Local. Oficina historiadora municipal Calimete