Cuaderno de quejas

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Cuaderno de quejas
Información sobre la plantilla
Cahier doléances extrait.jpg
Cuaderno de quejas de la parroquia de Lanvern[1]
Tipo de textoMemoriales o registros
CreaciónUsados desde el siglo XIV
PaísBandera de Francia Francia
UbicaciónBiblioteca Nacional de Francia
FunciónDocumento donde se expresaban los descontentos y peticiones de los franceses y francesas

Cuaderno de quejas (cahiers de doléances). Fueron memoriales o registros elaborados en toda Francia, donde se expresaban los descontentos y peticiones de la burguesía, el campesinado y las féminas de los distintos estamentos. Si bien estos cuadernos eran usados desde el siglo XIV los más famosos fueron los redactados en los meses mayo y junio de 1789, por su importancia en la Revolución francesa.

Estructura

Estos documentos podían comprender de 60 a 80 páginas o una sola. Se escribían por parroquias, baílias, senescalados (distritos judiciales), corporaciones, provincias, o estamentos. Se redactaron en un clima de gran libertad, ya que no contaban con un cuestionario previo o reglamentación alguna.

Función y objetivo

Los contenidos de estos cuadernos, eran tomados como base para redactar la orden del día de las reuniones que sostenían los diputados en las asambleas de los Estados Generales, además que servían como apoyo en las discusiones sobre los problemas que existían en la nación. Así, se redactaban en cada una de las circunscripciones donde se debían elegir representantes de los tres estamentos y recogían el sentir y las aspiraciones de los habitantes del reino[2]

Debido a la situación financiera y económica por la que estaba pasando Francia, muchos sectores de la población francesa se encontraban descontentos y los panfletos y libelos impresos con peticiones de reformas políticas, iban cada vez más en aumento al igual que su creciente popularidad. Las presiones ejercidas al rey Luis XVI lo llevaron a tomar la decisión de convocar los Estados Generales, que no habían sido celebrados desde principios del siglo XVII, además de que ordenó se recogieran las demandas, inquietudes y propuestas de reformas de los tres estamentos, que, dados los hechos posteriores, serían documentos de extraordinario valor dentro de los Estados Generales de 1789.

Las féminas francesas, por su parte, vieron los cuadernos como otra forma de hacerse escuchar al ser excluidas de la Asamblea General. Por escrito dejaban plasmadas sus quejas colectivas con la esperanza de que se “modificaran sus derechos”, aquellos que no tenían pues según las reglas del patriarcado existente, no eran para ellas. El 27 de julio de 1789 por el conde de Toulouse, lee un resumen de las quejas plasmadas en los cuadernos como resultado del sondeo hecho a los distinto sectores de la población, ante la Asamblea Constituyente.

Fases de redacción

  1. Se redactaban los cuadernos en cada pueblo y parroquia urbana.
  2. Se recopilaban las peticiones de cada bailía (división territorial anterior a los departamentos)
  3. Se realizaba una última recopilación en tres cuadernos, uno por estamento.

Finalidad o principales peticiones

Cuadernos del clero

El clero era el primer estamento por el alto valor en riqueza que poseía y por su nivel de organización política. En sus cuadernos de quejas, se reflejaban su posición en contra de los nuevos cambios de pensamientos que iban surgiendo, y la tolerancia cada vez más crecientes hacia los protestantes, lo que provocaba que surgiera en ellos algo de temor y se sintieran amenazados ante los nuevos tiempos, por que pedían al Rey reformas administrativas y judiciales que les ayudara a mantener su seguridad y poderío.

Para sostener sus pedidos utilizaban como complementos, el hecho de que habían estado al lado de su majestad en todo momento y que eran su más fiel súbdito, así como los principales alegatos del cristianismo y proponiendo castigos para los que se atrevan a violar una institución de carácter sagrado como lo es la Iglesia o sus propios miembros.

Que la licencia con la que se venden y se exponen públicamente los cuadros y grabados más indecentes sea reprimida y castigada; que se prohíba, como fuentes infestadas de corrupción, esta multitud innumerable de espectáculos de toda clase y forma, que desde la capital, donde cada día se producen unos nuevos, se difunden por las provincias; que especialmente durante la quincena de Pascua y en las fiestas principales del año se prohíba todo espectáculo, sin que haya pretexto alguno para autorizarlo o tolerarlo; que se tomen precauciones contra los actores que cuando los espectáculos están cerrados en la capital, se distribuyen per las pequeñas ciudades e incluso aldeas, donde con representaciones profanas desvían a los fieles de los actos religiosos que deberían practicar.[3]

Cuadernos de los nobles

La nobleza era el segundo estamento y se encontraba dividida en tres categorías: la de la corte, la provinciana y la de toga. Su mayor interés, reflejado en los cuadernos de quejas, era el de mantener sus derechos y privilegios tanto políticos como sociales. Pedían que el orden al que pertenecían conservara todas sus prerrogativas personales, diezmos, embargos de bienes, etc., aunque también estaban en desacuerdo con algunos aspectos del sistema fiscal, sobre las cuales pedían ciertas reformas y en algunos casos criticaban la monarquía absoluta y defendían un recorte de sus prerrogativas, al igual que la de los ministros. Apelaban a un legislativo que recortara los poderes de éstos y donde ellos tuvieran un papel principal.

Art. 1.- {...} Antes de tomar parte en las deliberaciones, los diputados de la Nobleza obtendrán toda la seguridad para sus propias personas, de modo que no puedan ser perseguidos en ningún tribunal en materia civil mientras dure su misión.

Art. 2.- Para dar a los Estados generales, no sólo para esta primera reunión sino para el futuro, una forma legítima constitucional como la prescribe la equidad natural, de modo que ningún orden de ciudadanos pueda ser oprimido por otro y puedan conservar entre ellos un equilibrio perfecto de influencia y de poder, se ordena expresamente a los diputados de la Nobleza insistir y persistir para conseguir la reducción de los tres órdenes a dos.

El primero estará compuesto por el Clero noble y la nobleza laica, el segundo orden estará compuesto por el Clero no noble, y el Tercer estado de las ciudades y los campos.

Si cada orden está compuesto por un número igual de representantes, podrá tener lugar la decisión por cabezas, pero si no existiera la igualdad numérica entre el primero y el segundo orden, entonces se votará separadamente por orden.

Pero, en todo caso, la composición del primer orden será tal que los representantes de la Nobleza serán al menos el doble que los del Clero.[4]

Cuadernos del Tercer Estado

Cuadernos de quejas de los campesinos de Guyancourt[5]

Los reclamos redactados por el Tercer Estado dependían de la zona donde surgía. En las zonas rurales se centraban en su mayoría, en los abusos de los derechos feudales, recaudadores de impuestos, del diezmo y de las quintas de soldados para el ejército; al pedir una sociedad igualada, la nobleza y el clero perdían mucho poder y riqueza al tener que pagar también la corvee real y otros impuestos.

Los redactados en las ciudades se exigían la libertad de expresió, económica, de reunión, eliminación del régimen feudal y sus abusos y la igualdad civil entre los tres estados, igualdad ante la ley y reparto más justo de los impuestos y defendían la idea de una nueva Constitución política en el país, además de la doble representación en los Estados Generales. Deseaban que el Rey gobernara en nombre del pueblo y mantuviera su defenza hacia ellos en todo momento.

Que sustituya la administración provincial de Berry por unos Estados provinciales semejantes a los que se han establecido recientemente en la provincia del Delfinado. Los habitantes se quejan de estar sobrecargados por la talla, capitación y otros impuestos, en proporción a las ciudades y parroquias vecinas [...]

Para reprimir este abuso, haría falta un reparto general de sus impuestos que soporta la provincia en proporción a las capacidades de las ciudades y parroquias que la componen. Los derechos de ayuda son muy perjudiciales al comercio del vino, tanto al por mayor como al detalle, (...); los gastos de recaudación (...) son considerables (...)[6]

Cuadernos de las mujeres

La situación que se vive en la revolución francesa dio la posibilidad de que la mujer francesa viera una forma de expresar más libremente su deseo de formar parte de la ciudadanía francesa, con todos los derechos que esto implicaba, y mostrar su desacuerdo con el papel de subordinación al hombre que hasta el momento le había tocado.

Al percatarse que quedaban excluidas de la Convocatoria General y que sus exigencias particulares estaban excluidas de cualquier demanda general redactada por cualquiera de los tres estamentos, redactan sus propios cuadernos de quejas,[7] haciéndoles llegar sus peticiones al Rey el 1 de enero de 1789, y aunque no son tan abundantes los cuadernos que quedaron, sí manifiestan con claridad las necesidades y deseos de las mujeres francesas de la época, no sólo a la asamblea y los Estados Generales, sino también a los hombres.

En ellas reclamaban modificaciones en todos aquellos sectores a los que se les estaba negado pertenecer: la educación, pensando en la posibilidad de poder aspirar a mejores puestos de trabajo y la prohibición de que el hombre trabajara en campos laborales típicos de las mujeres y el acceso a todas las profeciones artesanales, lo que hubiera podido ayudar a disminuir el número de mujeres desempleadas que debían buscar su sustento en la prostitución para evitar la hambruna por la precarea situación económica que se vivía en Francia en esos momentos; en la política reclamaban el derecho al voto que les dieran la posibilidad de elegir sus representantes en ese sector; el derecho a la autonomía de su cuerpo y su pensamiento así como de sus vienes, sin que mediaran para ello padres, hermanos o esposos; pero reclamaban también protección ante el abuso en el matrimonio o de género y dejaban claro que estaban en contra de la prostitución.

Una de las representantes en defensa de los derechos de igualdad política era Madame B.B., quien dejó claro su postura en cuanto al derecho al voto y a tener voz propia.

"No aspiramos a los honores del gobierno ni a las ventajas de ser iniciadas en los secretos del ministerio; pero creemos que es totalmente equitativo permitir a las mujeres, viudas o solteras que posean tierras u otras propiedades, que lleven sus quejas al pie del trono; que es igualmente justo recoger sus sufragios, puesto que se ven obligadas como los hombres a pagar imposiciones reales y a cumplir los compromisos del comercio".

"Se alegará quizás que todo lo que es posible darle (a la mujer) es permitirle hacerse representar, por procuración, en los Estados Generales. Se podría responder que, estando demostrado, y con razón, que un noble no puede representar a un plebeyo, ni éste a un noble, del mismo modo un hombre no podría, con mayor equidad, representar a una mujer, puesto que los representantes deben tener absolutamente los mismos intereses que los representados: las mujeres no podrían, pues, estar representadas más que por mujeres". [8]

Las mujeres del mercado del pescado, por su parte, enviaron a los Estados Generales una representante para animar a los diputados y evitar que se olvidaran las peticiones de las mujeres.[9]

Aunque los cuadernos de quejas de las mujeres no fueron tenidos en cuenta en gran parte de su totalidad, si pudieron obtener algunas pequeñas conquistas en el transcurso de la revolución, como fueron: la ley sobre el divorcio, la admisión a testificar en los procesos civiles y la abolición del derecho.[10]

Referencias y nota al pie

Fuentes