Kid Chocolate

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Eligio Sardiñas MontalvoPersonaje Artístico

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Nació:
28 de octubre de 1910
Cerro, La Habana
Falleció:
8 de agosto de 1988
Cuba
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"Kid Chocolate", Eligio Sardiñas

El 28 de octubre de 1910 nació en la humilde barriada del Cerro un cubanito que saboreó la gloria universal por sus victorias sobre feos rivales y hermosas hembras: Eligio Sardiñas, mundialmente conocido como Kid Chocolate.
Cubano por sus cuatro costados -con todo lo que ello implica-, el Kid escribió efímeras pero gloriosas páginas pugilísticas mientras su cuerpo pudo compaginar las peleas boxísticas con las amatorias.
Guiado por su representante, gerente y amigo Luis Felipe "Pincho" Gutiérrez, Sardiñas paseó sus 126 libras de puro chocolate por los grandes escenarios neoyorquinos de Fistiana, desde el Polo Grounds hasta el Madison Square Garden, la Meca del boxeo profesional.
Por entonces los carteles pugilísticos semejaban un circo romano ambientado por Raymond Chandler: un confuso y ruidoso pandemonio a oscuras, apenas iluminado en el reducido encerado donde dos sujetos sin técnica ni piedad se aporreaban hasta el cansancio.
Alrededor medraba una corte de gángsteres abracados a sus rubias platinadas, protegidos por gorilas de amplias gabardinas y gatillo alegre, entre habanos humeantes y licores adulterados, gozando una paliza ajena y legal por demás.
Corría 1929 y comenzaba el temible crack bursátil que desató un frenesí de suicidios en Estados Unidos.
Sin embargo, el diminuto negrito llegado desde Cuba como un inesperado huracán caribeño gozaba el que sería su Annus Mirabilis, cuando Nueva York se rindió a sus pies.
Aquel año nadie pudo derrotarlo en sus 22 pleitos y aquel joven, el mismo castigador que arrasaba con las coristas de Broadway cada noche, noqueó a diez rivales y optó por el título mundial.
Para llevarlo hasta la Gran Manzana, Gutiérrez infló el historial de Sardiñas y mintió sobre su edad: Chocolate debutó en Estados Unidos con 18 años, tres menos de lo que exigían las reglas.
Según "Pincho", su prodigioso pupilo barrió en las 121 peleas que disputó en La Habana, 107 de ellas por fuera de combate, aunque pasó casi mes y medio antes de su debut norteño contra Eddie Enos.
Desde su primera pelea, el público norteamericano lo adoró por su prodigiosa velocidad de piernas, sus jabs certeros y un carisma poco frecuente en el deporte de las narices chatas.
Si bien peleó con muchos rivales de poca monta, también disertó contra ídolos locales, como Al Singer, niño mimado de la comunidad judía, a quien venció para consagrase en el fabuloso Polo Grounds.
Otra de sus víctimas célebres fue el italonorteamericano Fidel La Barba, campeón olímpico y mundial de peso mosca.
Su primera faja del orbe se la negaron, cuando los jueces votaron por el apaleado Battling Battalino, tan machacado por Chocolate que ni oyó el veredicto favorable ni los abucheos del iracundo público.
Pero su coronación no demoró y el 15 de julio de 1931 despojó al mediocre Benny Bass de una corona que le quedaba grande y Cuba entera trasnochó celebrando su flamante monarca.
Al año siguiente Chocolate conquistó el título mundial de peso pluma, que ostentaba el torpe Lew Feldman, cuyo hígado azotó sin descanso hasta dejarlo tendido.
Siempre le criticaron sus excesos fuera del ring, su aspecto de dandy caribeño, su colección de trajes y sus notorias orgías y de hecho, la sífilis lo minó y aceleró el fin de su carrera.
Pero, ¿cómo criticarle tales gustazos, con tantas penas que sufrió durante su niñez, cuando vendía periódicos y limpiaba zapatos para sobrevivir?
Y cuidaba como oro su pulcra imagen: cierta vez mandó al hospital al estadounidense Johnny Erickson porque lo despeinó durante una pelea solo para congraciarse con su público.
Chocolate -cosa rara en su gremio- era bastante fotogénico y posó para numerosas revistas deportivas y sociales, una de las cuales lo seleccionó el hombre más elegante del mundo.
En otra oportunidad paró el tráfico en la populosa intersección de Broadway y la calle 47, algo solo logrado anteriormente por el actor Rodolfo Valentino, el aviador Charles Lindbergh y el beisbolista George "Babe" Ruth.
El Kid se sabía bueno y se regodeaba en su grandeza, al punto que tras derrotar a Singer proclamó a los cuatro vientos, parafraseando al Rey Sol: "El boxeo soy yo".
Su única y gran némesis fue el boxeador de origen italiano Tony Canzoneri, quien lo derrotó dos veces, la segunda de ella mediante un fulminante nocao.
Ya para entonces la enfermedad había carcomido el vigor de sus 23 años de vida, y las piernas se negaban a responderle, pues siempre odió al gimnasio y prefería ponerse en forma de una manera menos ortodoxa pero más divertida.
Aún así se embarcó por una gira europea y en el parisino cabaret Montmartre conoció personalmente al mítico Carlos Gardel, quizás lo mejor que le ocurrió en el viejo continente, sin contar las mujeres.
Sus últimos años como boxeador los pasó viviendo de su nombre, que aún bastaba para colmar estadios, aunque el propio "Pincho" Gutiérrez le recomendó retirarse.
Al menos entonces Chocolate siguió el consejo. A pesar de su mal y las inevitables secuelas que le dejó el boxeo profesional, Kid Chocolate murió a los 78 años de edad.
Cuba perdía así a su primer gran campeón mundial, sin su lujo de antaño pero querido, respetado y admirado por sus hazañas dentro y fuera del cuadrilátero.

Por Charly Morales Valido, tomado de http://www.cubasi.cu