Mitología budista

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Mitología budista
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Concepto:Creencias mitológicas budistas.

La mitología budista se basa en la doctrina enseñada originalmente por Buda (Gautama Siddartha), sobre la iluminación o despertar, en el siglo XI D.C, y adoptada como religión por la mayor parte de los habitantes de Asia Central y Oriental y las Islas Indias. Se opina que las enseñanzas de Buda fueron más bien ateas, y caracterizadas por una elevada moralidad y humanidad.

Surgimiento

Buddha es una palabra sánscrita que significa ‘el despierto’ o ‘el iluminado’. Este es el término que se le asigna al fundador del budismo. Él no era un dios ni era un profeta ni un mesías.

Siddhartha Gautama nació entre el año 563 y el 483 a. n. e. en una familia aristocrática del clan Sakya, en lo que ahora es Nepal, al norte de la India. Algunas tradiciones indican que su padre era el rey de los shakyas y, aunque quizás esto no sea cierto, desde un punto de vista histórico parece ser verdad que en su niñez y juventud Siddhartha tuviera una vida de opulencia. Probablemente era una existencia de lujos sin muchos límites: manjares, ropa elegante y muchos sirvientes, lo cual, en el contexto de la India de los Himalayas de ese entonces, era semejante a un paraíso terrenal. A pesar de todo él no era feliz. Los placeres que lo rodeaban solo servían para que contactara con la insatisfacción y para provocarle un intenso deseo de encontrar algo que tuviera un sentido más profundo.

Cosmología

Los budistas, siguiendo las tradiciones de sus ancestros indios, contemplaban el universo como infinito en tiempo y en espacio, y pensaban que estaba lleno de un número infinito de mundos como el nuestro.

El mundo se extiende alrededor del monte Meru. Más allá de la cima está el reino de los campos (o los cielos) de Buda. En la vertiente más alta están los dioses. Los titanes viven en las más bajas. Los animales y los humanos viven en las planicies que se extienden alrededor de la montaña. Las almas en pena viven en la superficie o justo debajo. Y el infierno está en lo más profundo de la tierra. Todo este escenario está rodeado de un gran océano.

En la cosmología budista se mide el tiempo en kalpas. Según el Visnu-purana hinduista, un kalpa equivale a 4.32 millones de años. Los estudiosos budistas lo ampliaron gracias a una metáfora: frota una vez cada cien años una roca cúbica de una milla de diámetro con un trozo de seda; cuando la roca se haya difuminado, ¡todavía no habrá pasado un kalpa!

Por encima de nuestro mundo ordinario, existen dos reinos: el reino de la forma (rupa-dhatu) y el reino más superior aún de la ausencia de forma (arupa-dhatu). Por debajo de ambos está el reino del deseo (kama-dhatu) que contiene seis dominios (gatis), cada uno con su propio tipo de seres:

  • Devas o dioses
  • Asuras o titanes (o semidioses).
  • Manusyas o humanos
  • Tiryaks o animales
  • Pretas o almas en pena
  • Narakas o demonios (seres malignos).

Todos estos reinos, incluso los de la forma y la ausencia de forma, están en el samsara, la existencia imperfecta, y por tanto gobernados por el karma y sus frutos (vipaka).

El paraíso Shambala

Entre los antiguos mitos budistas figura un paraíso perdido, conocido como Shambhala, la fuente de la sabiduría eterna donde vivían seres inmortales en armonía perfecta con la naturaleza y el universo. En la India, ese lugar maravilloso perdido en el Himalaya se llama Kalapa, mientras la tradición china lo ubica en los montes Kun Lun. Asimismo, en la antigua Rusia donde no había llegado la creencia budista pero se alimentaba de leyendas orientales llevadas allí por las invasiones tártaras se hablaba de la legendaria Bielovodye, la Tierra de las Aguas Blancas, donde vivían santos ermitaños de inmensa sabiduría.

La existencia de túneles bajo el palacio de Potala en la ciudad de Lhasa se entreteje con otro mito tibetano cultivado por escritores europeos. En su novela Shambhala, el espiritista ruso Nikolái Roerich habla de Agharti (deformación de Agharta, nombre del paraíso subterráneo budista) como del lugar donde estaba Shambhala, sede del rey del mundo. Según Roerich, Agharti estaba relacionado con todos los continentes por medio de pasadizos secretos.

Fuentes