Xilonen

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Xilonen
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Deidad
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Religión o MitologíaMitología Azteca

Xilonen ("La peluda" -refiriéndose a las barbas del maíz en vaina-) o Chicomecóatl ("Siete-serpiente") Diosa de la subsistencia, en especial del maíz, principal patrona de la vegetación y, por extensión, diosa también de la fertilidad.

En julio se celebraban los ritos dedicados a esta diosa, en el mes náhuatl llamado Hueitecuhílhuitl -Gran fiesta de gobernantes-, y que duraba ocho días. Se sacrificaba a una mujer joven y después de ello el pueblo comía maíz tierno. Durante esos días, las mujeres se soltaban el cabello y lo adoraban.

Chicomecoatl era la parte femenina de Centeotl, y se encontraba casada con Tezcatlipoca.

Leyenda

Xilonen era una alegre virgen relacionada con la fertilidad agrícola. Para algunos especialistas, se trataba también de la luna creciente que a pesar de ser fecundada por el sol se mantenía inmaculada; y por ello era la patrona de las doncellas del México Antiguo, quienes la veneraban y se ataviaban a su estilo para ser el objeto de dulces y tentadoras palabras de los jóvenes solteros.

La sucesión temporal de las fiestas calendáricas se estructuraba de acuerdo a los ciclos del cultivo del alimento sagrado. El Tonalámatl, calendario de los antiguos mexicanos, empezaba con las labores de siembra y terminaba con las cosechas.

En este sentido, fray Bernardino de Sahagún y sus informantes indígenas, en su obra monumental, La Historia General de las Cosas de la Nueva España, mencionaban que las fiestas rituales en honor a Xilonen y a las mazorcas frescas tenían lugar en la octava veintena del calendario mexica: Huey Tecuíhuitl, “Fiesta Grande de los Señores”, en el mes de julio, justamente cuando las mazorcas habían alcanzado cierta madurez.

Era la ocasión en que una joven mujer vestida con los ornamentos de ésta diosa –huipil, corona de papel y adornos de piedras preciosas- era sacrificada en el templo correspondiente, entre danzas y cánticos de una sacerdotisas llamadas cihuatlacamazque (adolescentes servidoras del Templo de Huitzilopochtli); para que de esta manera se pudiera establecer un contacto directo entre los seres humanos y la divinidad (recordemos que etimológicamente, sacrificio significa “sacralizar”). Xilonen, como el resto de las deidades mesoamericanas, era de carácter caprichoso ya que podía favorecer o dañar a los seres humanos, no podía ser totalmente buena o totalmente mala, y por lo mismo los hombres tenían que buscar su beneplácito.

Huey Tecuíhuitl era la oportunidad de los nahuas de agradecer a Xilonen por el surgimiento de las mazorcas tiernas con el sacrificio de una virgen adolescente.

Es posible que las parteras de la ciudad celebraran también a la diosa Xilonen, como lo indica fray Diego Durán en su Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra firme (tomo II). Estas mujeres llevaban a una joven ataviada como la diosa a la cumbre del cerro de Chapultepec.

Una vez ahí, le ordenaban a la doncella que descendiera a toda prisa para dirigirse al templo de Xilonen, en donde debía danzar un rato, mientras que las demás mujeres se esforzaban por darle alcance. Si la muchacha entristecía, la alegraban con una bebida.

Acabado este ritual, la sacrificaban. A consideración del historiador Michel Graulich, lo anterior planteaba una vinculación de Xilonen con la luna, pues el hecho de que el ritual tuviera lugar en la cima de Chapultepec constituía una vía de acceso con el astro nocturno, pues ese era su punto de observación. Los antiguos mexicanos se caracterizaron por la elaboración de esculturas en piedra, en una diversidad de tamaños, formas y temáticas, en la que no podía quedar exenta la planta primordial.

En su complejidad, el maíz era eje del cosmos, punto de encuentro entre el cielo, la tierra y la región de los muertos. Era el alimento fundamental, el sustento de la humanidad y la base de las economías mesoamericanas. Xilonen, divinidad de la mazorca tierna, era coparticipe de la energía vital que posibilitaba la existencia de lo terrenal. Esta diosa, encarnada en el maíz, y los agricultores compartían así un mismo destino en espacio de los seres mundanos.

Fuentes